Por ‘Panchito’ Hernández
Camino la Esperanza, recorrido de paz interna que enfrenta la violencia externa, camino difícil que tras cada día transitado regala noches de brillos y lunas, puntos infinitos que nos cuentan cada vez que hemos podido sonreír y no lo hemos hecho, cada vez que hemos podido ser felices y no lo hemos sido, cada vez que hemos podido disfrutar y no hemos querido hacerlo. Lo mejor es que como camino de ilusión, aun viene un día más, una oportunidad más, un intento más de sonreír, ser felices y disfrutar.No se presenta fácil, porque ya hubiera perdido su motivación y cualquiera lo transitaría sin sentirlo, sin vivirlo. Tiene sus piedras, aquellas que retan a nuestro ser, despertando miedos, alentando las motivaciones más bajas que podemos sentir y tener para con los demás. Nadie es moneda de oro, menos será que todos nos caigan como monedas de oro, razón por la que aquellas piedras promoverán que fallemos tantas veces podamos y busquemos cualquier otra vaina que no sea Camino la Esperanza.
Pasos largos, a veces cortos, pero con una velocidad fija que se guía por el latido del corazón. En ocasiones el latido se apura, si el miedo y la duda rodean al corazón, llevando a la inevitable perdida del camino, terminando en aquellos otros caminos de transito frecuente, irónicamente los más alejados a nuestros sueños. En otras circunstancias el latido llega a su velocidad mínima, la que llega a sentir la paz como un estado interior, como una ocasión perfecta para vivir y comprender qué somos y a dónde vamos.
Entre paso y paso, latido tras latido, respiración permanente. Aire que recorre todo el cuerpo avivando la sangre, avivando cada esquina de nuestro ser, permitiéndonos sentir que somos un todo de un millón de partes. Sigue el trayecto y la brisa a veces nos regala fragancias extremadamente dulces, que empalagan y hacen detener la marcha; mal momento para cortar la inspiración que el alma toma cuando vamos Camino la Esperanza. La respiración reactiva al olfato, se sigue el paso, ahora perfume más suave, casi puro, no empalaga no desagrada, respiración profunda y un vigor repentino que se transforman en pasos firmes, pasos verdaderos, pasos sinceros. Puede tardar en llegar aquella fragancia mientras aparece aquel perfume que entre olores radicales deja a nuestro olfato perdido en un putrefacto olor, señal que aun hay cosas por hacer, por cambiar, por modificar.
A veces en soledad, a veces en compañía, el camino se puede compartir pero sin seguir a otra persona. Cada uno se hace su camino, y en muchísimas ocasiones coincide con el de aquellos que son motivo de querer y amor; pero sin duda también coincidirá con aquellos que no tienen cabida en nuestro buen querer y proceder. Ese es el aprendizaje de llevarse o que te lleven, pero siempre en su camino, el de los otros es y será de los otros porque cada camino pertenece a cada alma.
Trasciende el que deja de sentir el suelo y entiende que el camino supera las dimensiones y ejerce aquel ilimitado sentido de la convivencia con todo lo que le rodea. El que se enamora no solo de una persona, se enamora de un momento, de una vida, de una situación, de una respuesta, de unas palabras. El que dedica su labor de vida a ayudar, que deja empapar su felicidad con la de otros, aunque aquellos otros no le entiendan, porque el tema del camino individual sigue siendo un tema que se mantiene ajustado a sus dimensiones. Se manifiesta el Camino la Esperanza, en aquella infinita dimensión que rompe barreras, las que construimos a las puertas del corazón, las que vamos amoldando a nuestra piel porque la gente detesta ser tocada, las que dejamos a la puerta de un beso y ante la emoción de un abrazo.
Nadie es ajeno a Camino la Esperanza, quien este desesperado por conocer el final del camino que le pregunte a Dios, mientras le tocara seguir haciéndolo y construyéndolo, porque de eso se trata vivir.
Gracias Panchito por compartir estas hermosas líneas conmigo y por ende con mis lectores. Feliz inicio de semana a todos. 
10/25/10
Camino a la Esperanza
Posted by Designermusings at 6:38 AM