01/10/11

Tecnodesumanizados…


¡Feliz Año Nuevo! Quise esperar hasta que bajara la marea navideña para retomar mis columnas porque quería incitar a mis amigos a ser más humanos y menos tecnodeshumanizados que es lo que creo está dejando como resultado la tecnología. Si bien es cierto los avances tecnológicos son importantes en estos tiempos, también soy fiel creyente que se puede convertir en una desgracia.
Prueba de lo que arriba afirmo es que me comprometí a rechazar cualquier felicitación en diciembre por mi cumpleaños, por navidad y ahora en enero por año nuevo o día de reyes que me enviara alguna persona que tenga la posibilidad de levantar su teléfono o verme a los ojos como me gusta platicar con las personas.

Sí, este año que recién terminó hizo que la crackberrymanía, la iphoneadicción, la facebookdependencia y la twitterdroga fueron los medios utilizados por las personas para desearle buenos deseos a otros. Yo me resisto a creer que una persona prefiera mandar un ‘chat’ a alguien que aprecia para supuestamente desearle feliz Navidad. Me resisto a creer que un ser humano que siente, que es de carne y hueso, que vibra, que se emociona, que llora, que grita, prefiera la frialdad de un equipo que escuchar, mirar a los ojos o dar un abrazo de buenos deseos en estas fiestas donde se supone que el amor está a flor de piel.

Yo no sé usted, pero me parece una desgracia que sea ‘facebook’ quien le recuerde a los amigos el cumpleaños de sus supuestos amigos. Me parece una desgracia que sea un servidor programado el que le diga “hoy cumple Pepe”, cuando no hay nada más delicioso que recordar las fechas importantes de las personas que se aprecia o se quiere.

Yo soy de las que prefiere que una persona olvide un cumpleaños antes de que sea facebook el que se lo recuerde. Claro, también puedo comprender que la distancia entre países o los pocos recursos en un mundo de crisis económica impida que una persona haga una llamada de larga distancia, pero a mí, NADIE me hecha cuentos con esa excusa.

Yo soy el mejor ejemplo de que no hay distancias cuando el amor es verdadero, cuando se siente de verdad. Prefiero gastarme el dinero en una llamada y decirle a quien amo que le amo esté donde esté. Prefiero levantar el teléfono y llamar a una amiga o un amigo y decirle que le extraño, que le quiero si está aunque esté en el otro lado del mundo. A diferencia de muchos, yo no lo veo como un gasto. Yo lo veo como una inversión de amor, una inversión de amistad, una inversión de cariño. Una muestra ‘real’ de que me los quiero y son importantes para mí.

Me apena y mucho ver la cantidad de personas que ni siquiera tenía la iniciativa de escribir un mensaje personal y lo que hacía era enviar cadenas de cadenas de cadenas con felicitaciones casi como comunales, casi como de un multifamiliar. Ojo, respeto el actuar de cada quien y agradezco a quienes la tecnología o sus agendas electrónicas le recordaron mi cumpleaños, pero ¿donde estamos dejando al ser humano?, ¿dónde queda ese latir del corazón, donde queda esa emoción de escuchar a quienes se quiere, verle a los ojos sus reacciones de emoción, alegría o tristeza?

A los que me felicitaron (por lo que sea) por blackberry por las distancias entre países, gracias. A los que lo hicieron por medio de un robot, gracias. A los que levantaron el teléfono para felicitarme, eso lo valoro. A los que se les olvidó y después apenados me llamaron, mil gracias plus. A todos, no esperen lo mismo de mí, yo procuraré felicitarles mirándole a los ojos y darles un abrazo como primera opción, llamarles por teléfono a donde estén como segunda, espero no haya tercera.

Yo sigo creyendo en el sentir, en el ver, en no ser de palo ni de sal, pero respeto profundamente el bolsillo de cada uno, el actuar de cada uno y los mecanismos de cada uno, ¡para gustos, los colores!

¡Salú!