03/28/11

¡Ahhhhgrrrrahhhh!


Lo admito. Soy una caraja tan frontal que me enfrento a lo que sea, sin miedos. Sé que eso a algunos le parece exceso de seguridad, los intimida y hasta me califican, sin conocerme, de ser una catira sifrina, picada, insensible, muy frontal, otros una niña demasiado tierna cuando tiene que serlo y fría como una serpiente a la hora de decir lo que siente o defender a los suyos, pero nadie duda que sé transmitir lo que siento, pienso, deseo ¡y mucho! Soy una mujer pasional en todo el sentido de la palabra y cuando quiero, lo hago sin límites de nada, de ahí que mis amigos de verdad y la gente que me conoce saben que a la hora de demostrar aprecio sincero y puro, no escatimo ni tengo límites. Todos saben que no hay nada que me pueda trastornar y frustrar más que no poder demostrar las cosas que siento simplemente por evitar malos entendidos, confusiones o por respeto ya que tengo muy claro que mi derecho termina donde inicia el de los demás.

Yo, reitero, soy defensora de demostrar amor sin esperar nada a cambio. Soy de esas soñadoras que cree que no hay nada más delicioso en el mundo que decir, si es honesto: me gustas, te quiero, te necesito, te extraño, te aprecio, te amo. Cuando uno lo expresa y lo demuestra la satisfacción es grande porque uno es honesto con uno mismo. Punto. Eso no es negociable, sin embargo, hay momentos y circunstancias que obligan a uno a no poder demostrarlo y tiene simplemente que recurrir a decirlo…y es frustrante ¡ahhhhgggrrrrr!

No sé si a usted le ha pasado, pero hay momentos en los que uno literalmente ‘mata’ por estar con una persona y diferentes circunstancias le impiden que eso suceda. Es como llevar a un diabético a una dulcería y ponerlo a sufrir. Es tener ganas y no poder. Es una sensación de impotencia horrible porque aunque lo que uno quiera hacer con esa persona, en esos momentos sea bueno y no busque más que solidarizarse honestamente por un momento difícil que pueda estar pasando, todo conspira para que no suceda.

Y es que desde el sábado estoy muy triste porque una persona que aprecio mucho y que quiero más está pasando por la pérdida de un ser muy querido y no he podido hacer nada para apoyarle. ¡Ni siquiera darle un fuerte abrazo!...a pesar que eso es lo que más quiero y sé necesita. Los motivos por los que no he podido son diversos, pero muy en especial la distancia.

He tratado, en la medida de mis posibilidades de transmitirle mi solidaridad, de que sepa que cuenta conmigo, de que quiero darle un abrazo, estar con su familia y que todos sientan que pueden contar conmigo en estos momentos donde el dolor muchas veces se tiene que disfrazar de fuerza para a su vez darle fuerza a los demás. Yo no sé si me necesitan o no, pero cuando uno pierde a un ser amado un abrazo honesto, puro y limpio ayuda sobre todo cuando les dejas sentir el latido de tu corazón…ese que me gusta la gente sienta conmigo.

Este fin de semana ha sido espantoso porque me venció la impotencia que se alió con las circunstancias. Este fin de semana lloré por querer y no poder. Por querer estar con esas personas y darle mi hombro y no pude. Lloré porque –aunque nunca lo había vivido-, no hay nada más espeluznante que querer correr a dar un abrazo y estar amarrada a la vez.

Son esos los momentos donde uno se demuestra a sí mismo lo que puede sentir, lo que puede vivir, lo que puede nacerle cuando los sentimientos son sanos. Cuando nuestra solidaridad es honesta y cuando de verdad queremos que quienes son importantes para nosotros estén bien.

En esa desesperación por no poder literalmente hacer nada por ese ser al que quería apoyar, me preguntaba una y mil veces: ¿Cuántos de los que me leen han querido ser solidarios de verdad? ¿Cuántos solo lo hacen por simplemente cumplir? ¿Cuántos le han dicho a la gente que quieren estoy sufriendo porque tu estas sufriendo? ¿Cuántos han hecho un alto para decirle a otra persona, déjame consentirte en estos difíciles momentos? ¿Cuántos han perdido oportunidades valiosas de ser solidarios con quienes queremos, inclusive con un simple desconocido por estar perdiendo el tiempo en cosas que no valen la pena? ¿Cuántos se han atrevido a decir sin esperar nada a cambio, cuenta conmigo?

Yo no sé usted, pero este fin de semana confirmé lo frustrante que es querer expresar un sentimiento y no poder hacerlo. Por primera vez en mi vida supe lo que es tragarse lo que sientes, sentir frustración porque las circunstancias te exigen respeto y porque la distancia se convierte en un enemigo que te impide dar ese abrazo que matas porque la otra persona y su familia sientan. ¿Pero saben qué es lo que me da algo de alivio? Comprobarme a mi misma que no hay distancias, circunstancias ni respeto que hagan que yo deje de sentir cosas buena, puras y hermosas; porque cuando la solidaridad en momentos difíciles es honesta, los sentimientos vuelan y llegan con la ayuda del viento, hacen que la distancia se haga corta y esas personas sientan que lo que se ofrece se corazón se recibe en el corazón. Simplemente hay que dejarlo latir.

Salú!